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EL BANCO WIR

Parece ilusorio pensar en la existencia de una banca verdaderamente ética en el contexto económico que nos rodea. Posiblemente nos cueste menos visualizarla en economías y países de gran pobreza como el ejemplo que vimos en Grameen Bank y pensamos que sistemas similares jamás funcionarían en una economía completamente desarrollada como la nuestra. Si bien es cierto que el sistema de microcréditos de Grameen Bank necesitaría de bastantes ajustes para funcionar en Europa, sí es cierto que una entidad financiera más moderna y por supuesto, responsable, si tendría cabida. Es por ello que os quiero hablar de un banco que lleva casi 80 años trabajando y nada menos que en Suiza: La Banque WIR

La Banque WIR: El Banco WIR es un proyecto suizo que nació en 1934 por entonces dedicado a las pequeñas y medianas empresas. Nacido de la necesidad, tras la crisis que asoló el mundo en 1929, basaba el comercio entre sus miembros en el trueque y en los préstamos de dinero gratuito, aplicando un interés tan sólo al dinero inactivo. Su particularidad se encuentra en que utiliza la moneda “WIR” entre todos los cooperativistas, es decir, una moneda social equiparable al dinero real, con la que poder realizar transacciones. En 1936 se legalizó como banco y poco a poco ha ido aumentando su capital, el número de socios y cooperativistas. A partir de la década de los 90, empieza a tener productos en francos suizos (CHF) y desarrollando actividades comerciales en ellos y en moneda WIR y en el 2000 lanza préstamos combinados WIR/CHF, e introduce en todos los puntos de venta terminales para tarjeta de crédito y débito que permite el pago en WIR/CHF.

Su filosofía es ayudar al cliente privado y al pequeño y mediano empresario siendo una alternativa a la banca tradicional y siendo su compañero, tanto de ellos como de las partes interesadas y siempre bajo la responsabilidad social, respetando los principios económicos y medioambientales. Espera una relación comercial competente y de confianza, sincera y de escucha activa. Valoran el trabajo en equipo dejando espacio para el desarrollo personal, el ejemplo es el modelo de liderazgo donde la solución o los fracasos son de todos, se mantienen diálogos constructivos con todas las partes y la comunicación se practica desde la transparencia.

Por tanto, si bancos como La Banque WIR pueden nacer, evolucionar y perdurar con nosotros 79 años, con su propia moneda y en moneda corriente, la existencia de una banca ética no es una utopía, ni tampoco lo es que otros valores no económicos ganen en importancia frente a estos, como el bienestar, la felicidad o un menor impacto de nuestra huella ecológica. Las entidades financieras pueden y deben iniciar un cambio drástico primero en ellas mismas, luego en la forma de entender su negocio y por último en la forma de ver la sociedad que les rodea.

Códigos éticos (II)

Explicamos anteriormente lo que era un código ético en nuestra entrada Códigos éticos (I), y ahora continuaremos explicando de qué partes está compuesto y para qué sirve, y en una futura entrada Códigos éticos (III), expondré mi opinión de por qué puede ser tan útil como ayuda al pequeño empresario para su negocio.

¿De qué partes se compone un código ético?

Un código ético está compuesto de una Visión, Misión, Valores y proposición de Compromisos.

Definiremos brevemente estos conceptos:

Visión: Es el futuro de la empresa. Es donde quiere situarse la empresa en el medio y largo plazo.

Misión: Es el día a día de la empresa, la labor que desempeña. Es todo lo que hacemos hoy que nos ayuda a llegar a nuestra Visión.

Valores: Son cualidades humanas y consideradas de bien social por lo que estaríamos dispuestos a universalizarlas.

Los valores afloran en un contexto social y es el individuo el que percibe el valor como positivo o negativo. No todos tenemos los mismos valores, pero los reconocemos en el entorno social y cultural en el que nos movemos.

Tienen dos componentes principales: cognitivo y afectivo. Cognitivo porque podemos identificarlo, dándonos cuenta de que va en contra o a favor de un determinado valor y somos capaces de denunciarlo o defenderlo. Afectivo porque nos impulsa y motiva.

Esta facultad constructora e impulsora, tiene mucho que ver con la función aspiracional que tienen los códigos éticos, que explico más adelante.

Compromisos: Se podrían definir como las acciones que demuestran la puesta en marcha del código ético.            Los compromisos son las acciones que nos hacen pasar de la teoría a la práctica, de que el código ético deje de ser tan sólo un documento y se convierta en hechos.

 

¿Para qué sirve un código ético?

Colabora en forjar el carácter de una organización mediante la dirección de la acción y decisión moral de sus miembros en situaciones específicas.[1]

Las funciones principales de un código ético son:

  • Aspiracionales: transmite sentido y explicita el fin social de la organización y la meta que legitima su existencia. Recuerda a los trabajadores y a la sociedad en general el sentido de la organización.
  • Educativas: crea una cultura homogénea entre los miembros de la organización. Se informa de sus valores y lo que se espera de los individuos.
  • Reguladoras: marca los límites de lo que se puede y no se puede hacer.

Al cumplir voluntariamente un código ético, estamos interiorizando en nuestra organización las funciones de los códigos: regulando voluntariamente, aspirando a algo más a través de la Visión, educando a la organización mediante la comprensión y absorción de los valores y, por último, al hacerlo público adquirimos el compromiso frente a los demás interesados o grupos de interés.

Los códigos éticos, como están basados en valores “dejan mayor espacio a la libertad personal”[2]. Al no ser normativos, son más propicios para la creatividad y la participación a la hora de resolver los conflictos.

En mi opinión, su principal característica es su voluntariedad. Debe nacer de la propia organización siguiendo su vocación de responsabilidad y los valores que la diferencian de las demás y que le son propios. Si se conforma bajo estos parámetros, ¿qué sentido tiene obligar a su cumplimiento si realmente se propone desde el núcleo de la empresa?

[1] Lozano Aguilar, J.F. (2004): Códigos éticos para el mundo empresarial. Editorial Trotta. Madrid

[2] Lozano Aguilar, J.F. (2007): “Códigos Éticos y Auditorías Éticas”, Veritas, Vol. II, nº 17 pp. 225-251

Códigos éticos (I)

Estos días se me plantea la duda sobre qué exponer durante una clase para emprendedores compuesta de un número reducido de personas con un proyecto empresarial más bien modesto. ¿Qué podría explicarles dentro de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) que les fuera útil?

Parece que las grandes corporaciones son las que llevan la voz cantante dentro de los temas éticos de una manera bipolar: son los que más hacen por ella en cuanto a su desarrollo, informes y control, pero al mismo tiempo son los que más incumplen unos mínimos éticos y de derechos humanos. Es más fácil trabajar en la implantación de la RSC en una empresa de cierta envergadura, que encontrar de qué forma una empresa pequeña puede mejorar incorporando en su gestión estos temas.

En mi opinión, una herramienta muy útil, visible y “palpable” es el código ético, dado que puede incorporarse y seguirse por cualquier tipo de empresa por pequeña o grande que sea. Pero en un proyecto modesto de empresa casa perfectamente con la gestión del pequeño empresario porque si algo les caracteriza es el lema “pequeño pero honrado”.

Debido al tamaño del artículo, dejaré tres partes. En la primera de ellas dejo una explicación de qué es un código ético, en la segunda (código ético II) de qué partes consta y para qué sirve y en la tercera (código ético III) por qué pienso que es tan útil y de tanta ayuda al pequeño empresario.

Un código ético[1] es una forma de expresar públicamente la honestidad y el seguimiento del camino ético por parte de nuestra empresa. Entenderemos que lo hacemos público exponiéndolo bien visible en nuestra web, en nuestra publicidad, en un tríptico explicativo o por cualquier medio a nuestro alcance donde tenga un sentido su difusión.

Al plasmarse en un documento, es como lo hacemos público[2] y adquirimos el compromiso frente a la sociedad. Este es el “principio de publicidad” de Immanuel Kant, en el que presentó la cuestión de si haríamos o decidiríamos hacer las cosas que hacemos, si éstas fueran conocidas por la opinión pública.

Los códigos éticos empresariales: definen los valores y las normas morales por los que se debe regir la organización, afirmando un compromiso.

Podemos encontrar códigos éticos, códigos de conducta y códigos deontológicos y para aclarar el concepto de voluntariedad u obligatoriedad en el seguimiento de cada tipo, añadiremos que existen los enfoques de cumplimiento de normas y los de integridad. El enfoque de cumplimiento es el que incentiva o castiga, como en los códigos deontológicos o códigos de conducta y los enfoques de integridad son los que buscan un compromiso voluntario, como son los códigos éticos empresariales.

En esta distinción entre cumplimiento e integridad vemos que uno fomenta la gestión típica de empresa clásica, cumplidora de normas, que previene conductas ilegales y que su liderazgo es el de la autoridad de recursos humanos o de los departamentos jurídicos y que los intereses de las personas son materiales y particulares, el otro, el de integridad, fomenta la responsabilidad individual, por su propio criterio, el liderazgo sería de los directivos y los trabajadores tienen valores y capacidades.

Los códigos éticos intentan representar la cultura y la filosofía de la empresa, orientar a un grupo de personas en busca de un mismo objetivo ayudando a su integración y coordinación. Por tanto, podríamos concluir diciendo que el código ético nace para identificar las inquietudes y valores de cada empresa en particular, con el objetivo de que sean reconocibles tanto para la propia organización como para los agentes externos a la misma.

En una entrada posterior, Códigos éticos (II), continuaremos explicando de qué partes está compuesto y para qué sirve.

[1] http://www.iberdrola.es/conocenos/una-gran-empresa/vision-valores/

[2] García-Marzá, D. (2004): Ética Empresarial: Del diálogo a la Confianza. Editorial Trotta. Madrid

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