Responsabilidad y Empresa

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Hacer lo correcto

Tuve la suerte de acudir hace unas semanas a la reunión de apertura del XXV Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Etnor, en la que nos dio la bienvenida la grandísima Adela Cortina y de la que extraigo ideas para presentar en esta entrada del blog.

Aunque ella estaba hablando de otras cosas, el hilo conductor sería el siguiente: haz lo correcto.

En nuestro tema, la ética empresarial y económica y dentro de ella la responsabilidad social corporativa, haz lo correcto. Después podremos pensar el motivo, pero de momento haremos justicia.

¿Qué motivos? Un sello de calidad, la acreditación de un sistema de “reporting”, una eco etiqueta, la aprobación de una auditora en RSC, reputación, imagen, cultura corporativa, principios, religión, etc.

No debería de haber motivos para hacer lo correcto en cada momento, hacer productos de la calidad esperada y con materiales adecuados, tratar a las personas dentro y fuera de la organización con respeto y como fines y no como medios, para no aceptar corrupciones ni promoverlas, para promover la igualdad, para ser respetuosos con el medio ambiente y pensar nuevas formas menos o nada contaminantes.

Si a todo esto, además, le podemos sumar los motivos anteriores pues mejor y quiero decir: si aparte de que hacemos lo correcto simplemente por justicia, después podemos beneficiarnos de tener un sello de calidad, excelencia, o tocando aquí o allá podemos acceder a un sello de marca ecológica que nos refuerce, o acreditemos tal o cual informe que nos de reputación, mucho mejor. Todo esto no hará más que reforzar lo que se va haciendo de manera natural, por justicia y porque es lo correcto.

Y aunque no fue esta la “lección” que nos dio Adela, es lo que me hizo pensar después de escucharla.

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Menos es Más

Con este título tan comercial pero tan cierto, quiero dar reflejo de lo que me estoy encontrando a lo largo de todo este año en muchas ocasiones: los interminables informes de RSC o Sostenibilidad de las grandes empresas. Informes que rondan las 500 páginas llenas de datos, tablas e información de la que sinceramente no nos podemos creer apenas nada y soy de la opinión de que el exceso de información se ofrece voluntariamente para cansar al lector, aunque de todas formas son informes llenos de verdades a medias.

De aquí se entiende ahora que diga en el título que “menos es más”, porque no hace falta tantísima información para demostrar una voluntad responsable y sostenible, porque no hace falta seguir absolutamente todas las normas certificables y hacer sus informes para ser ético y demostrarlo.

Si aun así preferimos que los actos se reflejen en alguna parte, lejos o muy lejos de esos informes de los que hablo, tenemos una opción: El Pacto Mundial de la ONU (Global Compact).

Al Pacto Mundial se adhieren voluntariamente las empresas con el compromiso de implementar los diez principios en los que se basa. Los principios engloban cuatro áreas: Derechos Humanos, Medio Ambiente, Estándares Laborales y Anticorrupción.

Podéis consultar los diez principios aquí.

La adhesión conlleva el hacer un informe de progreso todos los años, que no tiene nada que ver con los enciclopédicos informes que comentaba. Estos informes de progreso son unas 40 o 50 páginas que explican de forma sencilla y breve las acciones que la empresa va integrando para la consecución y respeto de los diez principios.

Como apunte diré que ni tan siquiera las grandes empresas dejan de ser densas como el plomo en el informe de progreso del Pacto Mundial y nos dejan informes de mínimo 100 páginas, en lo que creo que es un gran desconocimiento de la esencia del Pacto y de su informe de progreso.

En la web de la Red Española del Pacto Mundial, tenéis información y formación para poder realizar vuestro propio informe de progreso de vuestra empresa o si lo veis complejo, siempre podéis recurrir a algún entendido en estos temas.

Sinceramente pienso que en la mayoría de las ocasiones es totalmente efectivo la adhesión y seguimiento de los principios, también el informe refleja y comunica todas nuestras acciones en materia de sostenibilidad y responsabilidad aunque sean pequeñas, sin cansar, sin exceder, de forma clara.

Insisto: menos es más.

5 claves para una empresa ética.

Podemos perdernos fácilmente en la cantidad de principios, normas, recomendaciones, pactos, estándares de normalización, etc., y seguir sin saber cómo transformar nuestra empresa en una verdaderamente responsable.

La verdadera esencia puede encontrarse en estos 5 sencillos pasos, muy lejos de las elaboradas y a veces complejas, instrucciones comentadas más arriba.

 

  1. Fija la visión y misión de tu empresa.

Para poder definir ambos conceptos debemos tener claro cuál es el fin social de nuestra empresa. Toda profesión y toda empresa, cumple un fin social, realiza una labor por la que queda legitimada frente a la sociedad. El fin social no es “ganar dinero” aunque también lo esperemos, el fin social de un médico será sanar y prevenir enfermedades, el de un abogado defender lo mejor posible los intereses de su cliente.

De esta forma podremos concretar mejor tanto la Visión como la Misión.

La Visión de dónde queremos estar en el futuro como empresa, dónde nos situaremos en el medio y largo plazo. Es importante que el objetivo sea ambicioso pero no inalcanzable para que no nos desmotive.

La Misión, es la base operativa, el día a día que nos lleva a alcanzar pequeños objetivos dentro de un plan más ambicioso y estratégico (la Visión).

 

  1. Identifica los valores de la empresa

Las cualidades de nuestra empresa son únicas. Saber identificarlas en la forma de valores nos ayudará a tener identidad, una cultura reconocible tanto fuera como dentro de la empresa. Delatará nuestras intenciones a los de fuera y guiará las acciones de los de dentro.

 

  1. Elige qué herramientas o medios vas a utilizar para llevarlo a cabo.

Si el primer párrafo nos asusta y no sabemos qué hacer para aplicar las buenas costumbres a nuestra empresa (Sistema de Calidad Total, GRI, ISO…) no te preocupes. Cada vez que puedas intenta comunicar las acciones que intentes, al fin y al cabo tu empresa puede ser pequeña y determinadas tareas (informes de responsabilidad, medioambientales, etc) no podrás o no sabrás hacerlas.

Tus logros pueden ser consumir menos Kw’s, menos papel, conciliar la vida familiar y laboral de algunos empleados, promover el deporte en tu plantilla y un largo etcétera. Cada vez que puedas comunícalas a través de las últimas noticias de tu web, en algún pequeño informe a principio de año, en revistas o webs locales…

 

  1. Interactúa y cuenta con tus grupos de interés

Lejos del tamaño de las grandes empresas, tú te mueves localmente. Generalmente conocerás a casi todos tus grupos de interés, es decir, cualquiera al que puede afectarle lo que haces o cualquiera que pueda hacer algo que te afecte.

Conocerlos es una ventaja porque puedes saber de primera mano qué es lo que necesitan y puedes adaptarte a ellos, lo cual es una fuente abierta a la innovación. Y no entiendas la innovación como investigaciones científicas de alto coste, innovar es tener un restaurante y ofrecer comida para llevar a la gente mayor de tu pueblo porque ves que nadie lo hace y “te dio la idea un jubilado que te dijo que muchos como él se llevarían tu comida porque no pueden hacérsela ellos mismos”.

 

  1. Cree en ello (en lo ético)

Por mucho que te digan, hacer lo correcto no es perder el tiempo ni el dinero y el tiempo te dará la razón. Tienes una razón para funcionar empresarialmente (tu fin social) y tienes unos valores que te identifican y te mueven.

Si crees en ello y lo aplicas siempre, acabarás ahorrando, serás diferente a los demás, generarás menos conflictos, tendrás mejor imagen y generarás la fidelidad de clientes, proveedores y empleados.

 

Y no dejes de creer en ello.

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