Responsabilidad y Empresa

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Consumo responsable. Cambiar de suministrador eléctrico.

En este año 2016 que empieza me he propuesto hacer varios cambios en hábitos y consumos. Uno de los que me apetecía realizar desde hace tiempo era el consumo eléctrico y gracias a este maravilloso artículo en Consumer, me he atrevido a dar y he cambiado de comercializadora de electricidad por una que me ofrece energía totalmente limpia y renovable.

En concreto las posibilidades que ofrece el mercado son bastantes: Enercoop, Gesternova, Som Energia, GoiEner, Zencer, Enerplus, Nosa Enerxía y Seneo. Todas ellas te aseguran el 100% de la energía que consumas procedente de fuentes renovables. La diferencia entre ellas no es mucha dado que casi todas se sitúan a nivel local y provincial abasteciendo la zona donde se encuentran pero no suelen tener problemas para suministrar en toda España.

Suelen pedir una factura en la que calculan cuánto pagarías con ellos y además te informan de los impedimentos y compromisos contratados con las compañías clásicas que pueden suponer un problema a la hora del cambio, e incluso te dicen si son abusivas. Otra de las características de estas compañías es que pueden tener diferencias de precio e incluso un ligero ahorro respecto a las compañías convencionales.

Nunca he sido de los que piense que el cambio respecto al mercado empiece por el consumidor, sin duda la pieza más débil en el tablero económico, y más aún en sectores en los que el Oligopolio atenaza las reglas de oferta y demanda y sitúa en ventaja a estas empresas respecto a la libre elección del consumidor. Ni que decir tiene los pactos en precios, cláusulas abusivas, impedimentos al autoconsumo y una larga lista de efectos perversos del poder de estas compañías. Creo que todos estos motivos son por los que he dado el paso y he cambiado a energías renovables, pero este pequeño gesto cada vez está más extendido y entre más gente lo haga, más fuerza tendremos y más presión haremos para obligar a un cambio hacia un suministro de energía limpio.

La fuerza del cambio no radica en el consumidor solamente, la empresa o las garantías que ofrece el Estado, debe producirse en los tres a la vez para ser radical y efectivo. Aun así, sigo pensando que los consumidores somos el eslabón más débil de la cadena, sobre todo si las empresas abusan de su poder como en el caso del sector energético.

Para entender mejor el punto de vista del consumidor y nuestra fuerza para un mejor consumo, os recomiendo el libro de Adela Cortina “Por una Ética del Consumo”.

Así que desde aquí os invito al menos a la reflexión y por supuesto a que recojáis información de cada una de estas compañías. Nos cuestan los cambios, es verdad, pero a veces son necesarios y además, positivos para nuestras vidas.

Hacer lo correcto

Tuve la suerte de acudir hace unas semanas a la reunión de apertura del XXV Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Etnor, en la que nos dio la bienvenida la grandísima Adela Cortina y de la que extraigo ideas para presentar en esta entrada del blog.

Aunque ella estaba hablando de otras cosas, el hilo conductor sería el siguiente: haz lo correcto.

En nuestro tema, la ética empresarial y económica y dentro de ella la responsabilidad social corporativa, haz lo correcto. Después podremos pensar el motivo, pero de momento haremos justicia.

¿Qué motivos? Un sello de calidad, la acreditación de un sistema de “reporting”, una eco etiqueta, la aprobación de una auditora en RSC, reputación, imagen, cultura corporativa, principios, religión, etc.

No debería de haber motivos para hacer lo correcto en cada momento, hacer productos de la calidad esperada y con materiales adecuados, tratar a las personas dentro y fuera de la organización con respeto y como fines y no como medios, para no aceptar corrupciones ni promoverlas, para promover la igualdad, para ser respetuosos con el medio ambiente y pensar nuevas formas menos o nada contaminantes.

Si a todo esto, además, le podemos sumar los motivos anteriores pues mejor y quiero decir: si aparte de que hacemos lo correcto simplemente por justicia, después podemos beneficiarnos de tener un sello de calidad, excelencia, o tocando aquí o allá podemos acceder a un sello de marca ecológica que nos refuerce, o acreditemos tal o cual informe que nos de reputación, mucho mejor. Todo esto no hará más que reforzar lo que se va haciendo de manera natural, por justicia y porque es lo correcto.

Y aunque no fue esta la “lección” que nos dio Adela, es lo que me hizo pensar después de escucharla.

Deuda Ecológica

Mucho se está hablando estos días del escándalo por las emisiones de Volkswagen y el resto de marcas asociadas, pero desde organismos europeos especializados en transporte y medioambiente aseguran que pueden estar involucrados BMW, Mercedes y General Motors. La Organización Alemana de Defensa del Medio Ambiente también sospecha de Opel, Ford y Porsche[1] de lo cual se puede deducir que el problema de las emisiones afecta a casi todo el parque de vehículos comercializados.

A poco que nos informemos de cómo se valoran estas emisiones podemos ver que se cumplen con los requisitos de una determinada forma muy concreta (velocidad, rpm, aceleración, etc…) que sólo puede cumplirse en la prueba y casi nunca podemos repetir las condiciones en la calle o carretera.

¿En qué quedará toda esta polémica? Pues sinceramente creo que en nada, en alguna multa y poco más. Puede que en EEUU sean más severos y por bajarlos del primer puesto del mercado nacional pero si todos lo hacen en alguna medida, el miedo generalizado a que se “tire de la manta” y sean todos expuestos hará que la reprimenda sea pequeña.

Otro motivo por el que intuyo que las represalias no serán de importancia en Europa para la marca es la “advertencia” que está lanzando el Grupo sobre el recorte de inversiones y de una posible reestructuración, un recado directo a los gobiernos de los países que tienen plantas de producción y el miedo a los cierres o despidos masivos y a la caída de la producción y lo que ello conlleva para una economía.

El tema que quería traer aquí no era el de los despidos o la desinversión, ni siquiera el del escándalo sobre una política de RSC y medioambiental fallida (más que fallida inexistente y falaz). El tema que preocupa es la deuda ecológica.

El concepto de “deuda ecológica” es aún joven y recoge varias problemáticas en su interior aunque se ha llegado a un consenso para su definición[2] que viene a ser la siguiente: es la deuda que acumulan los países del Norte sobre los del Sur por dos motivos, primero por la extracción de materias primas por las que no paga un precio justo o no incluye en el mismo los daños ambientales causados, y segundo por usar a los países del Sur como contenedor de residuos sin casi control y por un importe ínfimo[3].

Esta es la definición más usual que podemos encontrar, pero dentro del concepto hay otros motivos diferentes a la lucha “Norte – Sur”, y que tratan sobre la deuda ecológica relacionada por un consumo mayor al de regeneración y el vertido de residuos también mayor a la asimilación.

En el caso expuesto sobre el Grupo, y en el peor de los casos y tal y como parece que se sospecha de que todas las grandes marcas no cumplan, llegamos a la conclusión de que la deuda ecológica adquirida con nosotros mismos es enorme e irreparable de seguir así. Si sumáramos a esta deuda la adquirida con las generaciones futuras sería incalculable el daño realizado.

¿Cómo se puede llegar a este nivel de engaño? ¿Acaso no viven en el mismo planeta que nosotros? ¿Tanta fuerza tiene la economía para mandar por encima de la lógica? Para esta última pregunta tengo respuesta y parece ser que sí, que la hegemonía económica puede con toda razón y argumento, cueste lo que cueste.

Ojalá este escándalo sirva para darnos cuenta de que debemos dar el salto a energías limpias y renovables.

[1] http://www.eldiariony.com/2015/09/25/escandalo-volkswagen-otras-automotrices-involucradas/

[2] http://www.accionecologica.org/deuda-ecologica

[3] http://www.ecologistasenaccion.es/article14591.html

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