Responsabilidad y Empresa

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Hacer lo correcto

Tuve la suerte de acudir hace unas semanas a la reunión de apertura del XXV Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Etnor, en la que nos dio la bienvenida la grandísima Adela Cortina y de la que extraigo ideas para presentar en esta entrada del blog.

Aunque ella estaba hablando de otras cosas, el hilo conductor sería el siguiente: haz lo correcto.

En nuestro tema, la ética empresarial y económica y dentro de ella la responsabilidad social corporativa, haz lo correcto. Después podremos pensar el motivo, pero de momento haremos justicia.

¿Qué motivos? Un sello de calidad, la acreditación de un sistema de “reporting”, una eco etiqueta, la aprobación de una auditora en RSC, reputación, imagen, cultura corporativa, principios, religión, etc.

No debería de haber motivos para hacer lo correcto en cada momento, hacer productos de la calidad esperada y con materiales adecuados, tratar a las personas dentro y fuera de la organización con respeto y como fines y no como medios, para no aceptar corrupciones ni promoverlas, para promover la igualdad, para ser respetuosos con el medio ambiente y pensar nuevas formas menos o nada contaminantes.

Si a todo esto, además, le podemos sumar los motivos anteriores pues mejor y quiero decir: si aparte de que hacemos lo correcto simplemente por justicia, después podemos beneficiarnos de tener un sello de calidad, excelencia, o tocando aquí o allá podemos acceder a un sello de marca ecológica que nos refuerce, o acreditemos tal o cual informe que nos de reputación, mucho mejor. Todo esto no hará más que reforzar lo que se va haciendo de manera natural, por justicia y porque es lo correcto.

Y aunque no fue esta la “lección” que nos dio Adela, es lo que me hizo pensar después de escucharla.

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Deuda Ecológica

Mucho se está hablando estos días del escándalo por las emisiones de Volkswagen y el resto de marcas asociadas, pero desde organismos europeos especializados en transporte y medioambiente aseguran que pueden estar involucrados BMW, Mercedes y General Motors. La Organización Alemana de Defensa del Medio Ambiente también sospecha de Opel, Ford y Porsche[1] de lo cual se puede deducir que el problema de las emisiones afecta a casi todo el parque de vehículos comercializados.

A poco que nos informemos de cómo se valoran estas emisiones podemos ver que se cumplen con los requisitos de una determinada forma muy concreta (velocidad, rpm, aceleración, etc…) que sólo puede cumplirse en la prueba y casi nunca podemos repetir las condiciones en la calle o carretera.

¿En qué quedará toda esta polémica? Pues sinceramente creo que en nada, en alguna multa y poco más. Puede que en EEUU sean más severos y por bajarlos del primer puesto del mercado nacional pero si todos lo hacen en alguna medida, el miedo generalizado a que se “tire de la manta” y sean todos expuestos hará que la reprimenda sea pequeña.

Otro motivo por el que intuyo que las represalias no serán de importancia en Europa para la marca es la “advertencia” que está lanzando el Grupo sobre el recorte de inversiones y de una posible reestructuración, un recado directo a los gobiernos de los países que tienen plantas de producción y el miedo a los cierres o despidos masivos y a la caída de la producción y lo que ello conlleva para una economía.

El tema que quería traer aquí no era el de los despidos o la desinversión, ni siquiera el del escándalo sobre una política de RSC y medioambiental fallida (más que fallida inexistente y falaz). El tema que preocupa es la deuda ecológica.

El concepto de “deuda ecológica” es aún joven y recoge varias problemáticas en su interior aunque se ha llegado a un consenso para su definición[2] que viene a ser la siguiente: es la deuda que acumulan los países del Norte sobre los del Sur por dos motivos, primero por la extracción de materias primas por las que no paga un precio justo o no incluye en el mismo los daños ambientales causados, y segundo por usar a los países del Sur como contenedor de residuos sin casi control y por un importe ínfimo[3].

Esta es la definición más usual que podemos encontrar, pero dentro del concepto hay otros motivos diferentes a la lucha “Norte – Sur”, y que tratan sobre la deuda ecológica relacionada por un consumo mayor al de regeneración y el vertido de residuos también mayor a la asimilación.

En el caso expuesto sobre el Grupo, y en el peor de los casos y tal y como parece que se sospecha de que todas las grandes marcas no cumplan, llegamos a la conclusión de que la deuda ecológica adquirida con nosotros mismos es enorme e irreparable de seguir así. Si sumáramos a esta deuda la adquirida con las generaciones futuras sería incalculable el daño realizado.

¿Cómo se puede llegar a este nivel de engaño? ¿Acaso no viven en el mismo planeta que nosotros? ¿Tanta fuerza tiene la economía para mandar por encima de la lógica? Para esta última pregunta tengo respuesta y parece ser que sí, que la hegemonía económica puede con toda razón y argumento, cueste lo que cueste.

Ojalá este escándalo sirva para darnos cuenta de que debemos dar el salto a energías limpias y renovables.

[1] http://www.eldiariony.com/2015/09/25/escandalo-volkswagen-otras-automotrices-involucradas/

[2] http://www.accionecologica.org/deuda-ecologica

[3] http://www.ecologistasenaccion.es/article14591.html

Liderazgo II. Habilidades y Principios de los Directivos

Como habilidades o capacidades para un directivo distinguiríamos las intelectuales, las técnicas y las humanas[1]. Las habilidades intelectuales adquieren mayor relevancia a medida que se ocupan puestos más altos y tal y como aumenta la responsabilidad. La visión global, la relación entre las partes, la capacidad de observación necesaria para integrar las partes con el todo exige esta habilidad.

Las habilidades técnicas entre las que estarían la especialidad y el conocimiento, también son importantes aunque en los mandos intermedios u operativos. Las habilidades humanas que son las necesarias para trabajar en sintonía con otros miembros de la organización, afecta a todas las personas de la empresa, tanto altos directivos como en los niveles intermedios u operativos y es imprescindible en el trato a subordinados, compañeros o directivos y también necesario para el trabajo en grupo y para rendir cuentas en el trabajo individual.

Cierto es que con este nivel de exigencia y viendo la necesidad de reciclarse en el aprendizaje, se le pueda ofrecer al directivo formación continua como parte imprescindible del proceso de mejora y como parte de la cultura empresarial. Además de estas habilidades, podemos proponer un marco de acción moral para la toma de decisiones en la gestión que esté aparte de códigos de conducta o deontológicos aunque seguro que podemos encontrarlos en cualquiera de ellos. Los principios serían los siguientes[2]; legalidad, profesionalidad, confidencialidad, fidelidad, buena fe, evitar conflictos de intereses, respeto a las personas. Estas habilidades, valores y actitudes podemos recogerlas en la siguiente tabla de valores ascendentes[3].

Figura 7: Valores ascendentes y valores dominantes en la cultura empresarial.

VALORES DOMINANTES Y VALORES ASCENDENTES EN LA CULTURA DE LA EMPRESA
Parámetros Valores dominantes Valores ascendentes
1. Finalidad de la empresa Beneficio económico Servicio a la sociedad
2. Tendencias humanas básicas Deseo de adquirir y poseer Afán de crear y compartir
3. Definición de estrategia Consecución de resultados Descubrimiento y realización de principios
4. Consecuencias de la actividad empresarial Consecución de objetivos primarios Previsión de efectos secundarios
5. Desarrollo de las personas en la organización Rango Inclusión
6. Actitud entre los impulsos Satisfacción Autodominio

Vemos como los valores dominantes son los valores que han controlado la dirección de cualquier empresa hasta hoy día y que siguen vigentes: la ceguera por el beneficio económico, la posesión de activos, los resultados por encima de todo, objetivos a corto plazo, empresas jerarquizadas, etc., pero son los valores ascendentes los que nos llevan a la empresa que se adapta a los nuevos tiempos, la que tiene sentido de la responsabilidad, la que capacita a las personas de la organización, la que sirve a la sociedad…

Esta nueva empresa es la que crea entornos de diálogo y participación, tanto interna como externa. Interna porque no sólo deja participar con el voto, aunque no haya que votar por todo, si no la que permite que los agentes internos de la empresa sean partícipes de la planificación en cada parte de la empresa. Externamente, la que genera un marco para el diálogo, es transparente, respeta activamente y esto con todos los grupos de interés, es decir, con todos los que afectan o son afectados de forma relevante por la actividad de la empresa.

[1] Guillen Parra, M. (2006): Ética en las organizaciones. Construyendo confianza. Pearson – Prentice Hall. Madrid.

[2] Fernández Fernández, J.L. (1996): Ética para empresarios y directivos. ESIC. Madrid.

[3] Cortina Orts, A. (1997): Rentabilidad ética para la empresa. Fundación Argentaria. Madrid.

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