Responsabilidad y Empresa

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Plástico, demasiado plástico.

Hace unas semanas todos los diarios se hacían eco de una información sobre el plástico en los océanos que según las previsiones para el año 2050 la cantidad de plástico será mayor a la cantidad de peces. Os dejo el enlace a la web Microsiervos donde se explica bastante bien.

Esta información me hace recordar la famosa isla de plástico situada en el Océano Pacífico, aunque lo cierto es que ni existe sólo una de estas islas ni se puede pisar “tierra firme” sobre ellas. Es posible que no nos hagamos una idea real sobre la cantidad de plástico vertido al mar que comentaba en la entradilla a este post, hasta que comparamos el tamaño de la isla de plástico con tierra firme. Es difícil precisar el tamaño porque es un “revuelto de plástico” pero se calcula que tiene una extensión entre 1 y 1,5 millones de km2, lo que le sería un tamaño de entre 2 o 3 veces la superficie de España.

La forma en la que llegan al mar es de lo más variada pero el proceso continuado durante 100 años de vertidos de plástico al océano, sumado a años de corrientes oceánicas en forma de espiral, hace que se vayan arremolinando estos vertederos marinos.

Este es un problema de todos situado en aguas internacionales donde nadie se hace responsable. Leyendo ahora como estoy todo lo posible sobre el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, creo muy complicado que se pueda solucionar este problema. El Acuerdo sobre Cambio Climático aborda el problema de las emisiones como el problema global que es e intenta que todos los países hagan su labor al respecto. Pero un problema (varios porque son varias las islas aunque no tan grandes) en aguas internacionales, en tierra de nadie, exigirá un nuevo acuerdo supranacional para su eliminación y por supuesto para la contención de residuos con la intención de no seguir contaminando nuestros mares.

Parece complicado que se llegue a una solución a corto plazo vista la dificultad para llegar a acuerdos internacionales sobre Medioambiente.

Si queréis más información sobre estos temas, podéis consultar La Noche Temática en su documental “Océanos de Plástico”.

Consumo responsable. Cambiar de suministrador eléctrico.

En este año 2016 que empieza me he propuesto hacer varios cambios en hábitos y consumos. Uno de los que me apetecía realizar desde hace tiempo era el consumo eléctrico y gracias a este maravilloso artículo en Consumer, me he atrevido a dar y he cambiado de comercializadora de electricidad por una que me ofrece energía totalmente limpia y renovable.

En concreto las posibilidades que ofrece el mercado son bastantes: Enercoop, Gesternova, Som Energia, GoiEner, Zencer, Enerplus, Nosa Enerxía y Seneo. Todas ellas te aseguran el 100% de la energía que consumas procedente de fuentes renovables. La diferencia entre ellas no es mucha dado que casi todas se sitúan a nivel local y provincial abasteciendo la zona donde se encuentran pero no suelen tener problemas para suministrar en toda España.

Suelen pedir una factura en la que calculan cuánto pagarías con ellos y además te informan de los impedimentos y compromisos contratados con las compañías clásicas que pueden suponer un problema a la hora del cambio, e incluso te dicen si son abusivas. Otra de las características de estas compañías es que pueden tener diferencias de precio e incluso un ligero ahorro respecto a las compañías convencionales.

Nunca he sido de los que piense que el cambio respecto al mercado empiece por el consumidor, sin duda la pieza más débil en el tablero económico, y más aún en sectores en los que el Oligopolio atenaza las reglas de oferta y demanda y sitúa en ventaja a estas empresas respecto a la libre elección del consumidor. Ni que decir tiene los pactos en precios, cláusulas abusivas, impedimentos al autoconsumo y una larga lista de efectos perversos del poder de estas compañías. Creo que todos estos motivos son por los que he dado el paso y he cambiado a energías renovables, pero este pequeño gesto cada vez está más extendido y entre más gente lo haga, más fuerza tendremos y más presión haremos para obligar a un cambio hacia un suministro de energía limpio.

La fuerza del cambio no radica en el consumidor solamente, la empresa o las garantías que ofrece el Estado, debe producirse en los tres a la vez para ser radical y efectivo. Aun así, sigo pensando que los consumidores somos el eslabón más débil de la cadena, sobre todo si las empresas abusan de su poder como en el caso del sector energético.

Para entender mejor el punto de vista del consumidor y nuestra fuerza para un mejor consumo, os recomiendo el libro de Adela Cortina “Por una Ética del Consumo”.

Así que desde aquí os invito al menos a la reflexión y por supuesto a que recojáis información de cada una de estas compañías. Nos cuestan los cambios, es verdad, pero a veces son necesarios y además, positivos para nuestras vidas.

Hacer lo correcto

Tuve la suerte de acudir hace unas semanas a la reunión de apertura del XXV Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Etnor, en la que nos dio la bienvenida la grandísima Adela Cortina y de la que extraigo ideas para presentar en esta entrada del blog.

Aunque ella estaba hablando de otras cosas, el hilo conductor sería el siguiente: haz lo correcto.

En nuestro tema, la ética empresarial y económica y dentro de ella la responsabilidad social corporativa, haz lo correcto. Después podremos pensar el motivo, pero de momento haremos justicia.

¿Qué motivos? Un sello de calidad, la acreditación de un sistema de “reporting”, una eco etiqueta, la aprobación de una auditora en RSC, reputación, imagen, cultura corporativa, principios, religión, etc.

No debería de haber motivos para hacer lo correcto en cada momento, hacer productos de la calidad esperada y con materiales adecuados, tratar a las personas dentro y fuera de la organización con respeto y como fines y no como medios, para no aceptar corrupciones ni promoverlas, para promover la igualdad, para ser respetuosos con el medio ambiente y pensar nuevas formas menos o nada contaminantes.

Si a todo esto, además, le podemos sumar los motivos anteriores pues mejor y quiero decir: si aparte de que hacemos lo correcto simplemente por justicia, después podemos beneficiarnos de tener un sello de calidad, excelencia, o tocando aquí o allá podemos acceder a un sello de marca ecológica que nos refuerce, o acreditemos tal o cual informe que nos de reputación, mucho mejor. Todo esto no hará más que reforzar lo que se va haciendo de manera natural, por justicia y porque es lo correcto.

Y aunque no fue esta la “lección” que nos dio Adela, es lo que me hizo pensar después de escucharla.

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