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Gobierno Corporativo bancario

Quiero escribir enlazando, por una lado una parte del contenido de la última conferencia a la que he asistido sobre los Fondos de Reestructuración de Activos, más conocidos como “bancos malos” y por otro lado una parte de un artículo sobre banca que tenía escrito.

arton2764-9773fSe trató el tema de los bancos malos con mucha suavidad, aunque en realidad lo que se trató bien fue al Gobierno Corporativo de los bancos nacionales. La ponente dio una de cal y otra de arena, porque quería mantener el espíritu crítico pero al mismo tiempo algunas entidades estaban presentes y no sólo eso, es que su trabajo está tremendamente vinculado a los bancos, por lo que la conferencia no traspasó ciertos límites necesarios cuando se habla del Gobierno Corporativo de las entidades financieras.

Alguien entre el público preguntó lo que todos estábamos pensando: “¿Cómo se puede pensar en la buena voluntad y buen hacer de los Gobiernos Corporativos de las entidades financieras si saben que en caso de hacerlo mal, van a ser rescatados?

Se puede pensar que la mala praxis bancaria es nueva, que esta crisis es tan profunda porque han ocurrido hechos totalmente ignotos tanto para la economía como para las entidades financieras.

Pero lo cierto es que la forma en que se ha producido la crisis y las causas ya habían ocurrido en el sector y además, con idéntica excusa: “Este efecto puede verse reforzado (y de hecho en la crisis de 1977 ocurrió así) por lo que Milgrow y Roberts califican como “efecto perverso de la competencia”, o sea, la crisis que puede provocar una minoría irresponsable al llevar la competencia más allá de los límites de la rentabilidad…” (Faus Mompart, 2001: 248), pero más adelante encontramos los motivos que la causaron y son tremendamente similares a los actuales: “En cuanto a las causas que cabe calificar de anómalas, Álvaro Cuervo apunta la falta de profesionalidad, la temeridad y las prácticas ilegales y también, en algunos casos, [seguir pautas de conducta imitativas]” (Faus Mompart, 2001: 249).

Las causas de la crisis bancaria de 1977 serían anómalas, pero el sector repitió en 2008 sus errores uno por uno y aunque ahora se pueda pensar que no es posible que nadie se diera cuenta, en aquella crisis también se pensó lo mismo (Faus Mompart, 2001: 254).

Las entidades financieras quedaron, unas infectadas de activos tóxicos, otras sobredimensionadas y con más activos inmobiliarios de los que podía tener en su balance, y necesitaron ser rescatadas con grandes inyecciones de dinero. El motivo no fue otro que el miedo a su quiebra ya que podría arrastrar al resto de la economía.

Este miedo también quedó patente en la conferencia que os comentaba donde se habló del caso americano y lo que supuso dejar caer a Lehman Brothers y las consecuencias de aquello.

En el caso español no se dejaron caer y hemos vivido unas consecuencias que nada tienen que envidiar (en lo negativo) a las que ocurrieron en Estados Unidos. Dejar caer un banco es un desastre para la economía, pero nadie habla del impacto para la economía causado al socializar el dinero del rescate. Es decir, que el dinero del rescate aumente el Gasto Público con una incidencia muy negativa en la economía, soportando el peso las capas menos favorecidas de la sociedad.

Este rescate, que también se ofrecía con la intención de que la liquidez llegara a las empresas y a los particulares, lo retuvieron las entidades financieras por diversos motivos.

Uno de los motivos fue el riesgo a que, debido a las condiciones económicas, sus prestatarios no pudieran devolver los préstamos. Otro fue hacer provisiones para cubrir los activos inmobiliarios con el dinero del rescate. Y por último es que el dinero les llegaba tan barato que el tipo de interés que les ofrece el BCE por retenerlo sin riesgo ya les generaba beneficios: prestarlo a mayor interés pero con gran riesgo de que no sea devuelto no les seducía.

La retirada de liquidez es el segundo efecto devastador que se produce en la economía, la cual se ve afectada por una contracción del crecimiento que acaba afectando incluso a la empresa saneada, con la consiguiente reducción de su inversión y renovación de activos, con destrucción de empleo, etc., que acaba muriendo por falta de liquidez.conference-room-857994_960_720

Después de toda esta argumentación, creo que es más que evidente de que la fe que le pueda tener a la buena voluntad de las entidades financieras es infundada. Para conseguir un Buen Gobierno Corporativo primero se necesita un cambio drástico. Los bancos van a jugar al límite porque se saben respaldados.

Un verdadero cambio pasa (entre otros) por un proceso auditor completo y externo, totalmente independiente (porque como comentaba más arriba, no es que nadie lo vea venir, es que las auditorías o no son completas, o se manipulan a conveniencia o directamente se mira a otro lado mientras se da el visto bueno), a lo que debemos sumar no garantizar su rescate para determinadas operaciones. En el caso de que quieran realizar acrobacias arriesgadas, tienen que saber que será sin red de seguridad, como cualquier otra empresa, como la frutería del barrio.

 

Bibliografía:

Faus Mompart, E. M. (2001). Regulación y desregulación. Notas para la historia de la banca española. Barcelona: Ediciones Península.

 

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